El concepto “alteridad” es relativamente nuevo, pero su penetración en la academia sociológica y jurídica lo han convertido en la “vedette” de congresos y simposios. El primero en acuñarlo fue el pensador Lituano Emmanuel Levinás, quien sostiene:
El otro no es otro con una alteridad relativa como, en una comparación, las especies, aunque sean últimas, se excluyen recíprocamente, pero se sitúan en la comunidad de un género, se excluyen por su definición, pero se acercan recíprocamente por esta exclusión a través de la comunidad de su género. La alteridad del Otro no depende de una cualidad que lo distinguiría del yo, porque una distinción de esta naturaleza implicaría precisamente entre nosotros esta comunidad de género que anula ya la alteridad. [1]
La experiencia absoluta no es develamiento, sino revelación: coincidencia de lo expresado y de aquel que expresa, manifestación, por eso mismo, privilegiada del Otro, manifestación de un rostro más allá de la forma. La forma que traiciona incesantemente su manifestación aliena la exterioridad del Otro […] El rostro habla. La manifestación del rostro es ya discurso. [2]
La teoría de las comunicaciones no puede ser sorda respecto a la importancia de este concepto a la hora de evaluar a los medios y, en especial, a la prensa. Levinás sostiene que la comunicación, en tanto intercambio de subjetividad humana, es un acto de alteridad per se. La comunicación es alteridad y la alteridad es comunicación. Por eso es importante pensar que en cada uso lingüístico que hace un diario, en cada evocación sentimental o racional, en cada pauta que privilegia esto por sobre lo otro. En cada entrevista, columna o crónica, se está construyendo un “otro”.
Ese “otro” no se limita -solamente- al lector potencial de cada unidad informativa. El “otro” también se refiere a los modelos culturales y cánones morales que rigen la sociedad. Es en esos ámbitos donde los conceptos de Luhmann y de Levinás nos permiten observar cómo los medios “construyen la realidad” mediante la “construcción de un otro”. En el caso de Las Últimas Noticias, por ejemplo, debemos observar el lenguaje utilizado para llamar la atención del lector. Veremos que no se trata de un uso inculto informal, estilo La Cuarta, pero tampoco es el culto formal de El Mercurio y La Tercera. Si se observa una constante apelación a temas sexuales y sexo-afectivos, bajo distintas excusas, de cierta manera construyendo así su lector y el contexto en el que se lee.
El “otro” que configura la prensa se puede ir dibujando conforme se analizan los niveles informativos a los cuales se hace referencia. De acuerdo a Berger y Chaffee [3] podemos destacar cuatro niveles de análisis en el ámbito de las Ciencias de la Comunicación: a) el nivel intraindividual, que analiza los procesos que ocurren dentro de la persona en relación con las actividades de la comunicación b) el nivel interpersonal que estudia las relaciones comunicativas entre dos o más personas c) el nivel organizativo, en el cual conjuntos de personas son estudiados en el contexto de un conjunto de relaciones y d) el nivel macrosocial, que estudia las actividades comunicativas de amplios sistemas sociales. La propuesta de Berger y Chaffe puede ser aplicada a los temarios de prensa. Allí nos encontramos con niveles. Un “nivel micro” que contiene tres subniveles; el personal, el interpersonal y el grupal no organizado. Un “nivel meso” que se refiere a las organizaciones o instituciones y un “nivel macro” que involucra a todo el sistema social.
Este aspecto suele ser pasado por alto en tanto los periódicos se han vuelto piezas complejas que relatan una sociedad compleja. Esto implica que la atención de los lectores y analistas está siempre subordinada a la contingencia y no permite observar patrones claros mediante los cuales los medios intervienen en la realidad. Niklas Luhmann, uno de los autores de mayor influencia en el presente trabajo, ha sostenido que la televisión, las radios, los diarios y las revistas son los “constructores de la realidad”. En el pensamiento de Luhmann, la sociedad está formada por “sistemas sociales” determinados por un código binario que los diferencia de otros sistemas. En el derecho, por ejemplo, el código es “legal/no legal” [4]. Del mismo modo, los medios de comunicación son la expresión del código “información/no información”.
Así, mediante la determinación de lo que es “informable” y lo que no, los medios dan forma a la “realidad social” [5]. En Chile, este proceso de configuración de una “realidad social” está vinculado estrechamente a la televisión. En dos décadas, la industria televisiva se consolidó como fuente de información y, también, como espacio de ocio para los consumidores. Desde eventos deportivos a telenovelas, desde elecciones presidenciales a reality shows: la televisión como gran constructor de realidades.
En estos eventos informativos, paulatina y gradualmente, los ‘otros’ que configuran nuestra realidad en común van tomando forma. Así se urde un mundo con límites respecto de lo que es esperable, lo que otorga el marco a partir del cual entendemos un evento. Así, por ejemplo, un crimen como el ocurrido en Vilcún es comprendido como parte de una “realidad social” que le precede, los ‘otros’ como una categoría ya explicada y la discusión como una repetición de cosas que ya hemos escuchado antes.
PUBLICADO EN SOCIEDAD Y CULTURA
Notas al pie:
- [1] LEVINAS, Emmanuel. Totalidad e infinito. Salamanca, Ed. Sígueme, 1977. Página 207.
- [2] Ibid. Página 89.
- [3] BERGER y CHAFFEE. Handbook of Comunications Science. Sage, Londres. 1987.
- [4] Vid. LUHMANN, Niklas. Introducción a la teoría de los sistemas. Barcelona. Anthropos. 1996.
- [5] Vid. LUHMANN, Niklas. La realidad de los medios de masas. Barcelona. Anthropos. 2000.
Original link: http://ballotage.cl/2013/01/alteridad-y-prensa-sociologia-sistemica-en-teoria-de-medios/
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